Es muchas veces lo que queremos decir, pero... ¿cuánto lo decimos? La verdad es que pensamos y queremos decir muchas cosas pero no lo hacemos a veces por caballeros, a veces por miedo a la reacción y otras por roche, pero este problema es simplemente de comunicación ya que muchas veces las parejas carecen de empatía.
Por ejemplo: Esas noches calentonas donde los toqueteos nos hacen salir de la casa de la nueva marinovia o proyecto de marinovia doblados de dolor (Blue Balls) quisiéramos decir:
Ok, no me dejes coronar, pero ayuda a reventar.
A ver, díselo. Será para que te aniquile con su mirada de rayos láser, lo cual sería drástico pero hasta bondadoso para evitar el dolor. Sin embargo son crueles y dejan que te revienten las pelotas.
De cuando ya se pagó el derecho de piso:
La acción pasa a la habitación con toda la concha del mundo, ya ni se habla ni se insiste y todo se entiende con una mirada. Luego de la llegada a la habitación, la miras con deseo y no consigues nada más que un:
¡Cambia esa cara de depravado!
Como si tuvieras en la otra mano una cuerda atada a un burro que quieres meter al cuarto.
O cuando ya estás en el monótono acto, que haces todos los martes, jueves, viernes, sábados y domingos tempranito, como es lógico, mueres por hacer algo nuevo, pero la primera movida es atajada como arquero que adivinó el tiro. Y te dice
¿Qué m%#/(& quieres hacer?
Pero al intentar explicarlo lo más tiernamente posible, ella pone su cara de monja que vio un vibrador del tamaño de un extintor, se pone roja y te mete la puteada con respecto a los valores y demás huevadas; pero claro, cuando ella quiere experimentar algo nuevo que no sea "sacar los pies del plato", ella simplemente lo hace, y que ni se te ocurra poner cara de asombrado porque se sienten una porquería y te lo reprochará todo el día.
Vamos, marinovias. Vamos a la cama... pero no jodan.
Fuck me, but don't fuck with me.
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