
Primero, los preparativos: El día viernes, salir a correr temprano por la mañana, luego tomar un poco de agua y un jugo, ir a trabajar, almuerzo una ensalada pequeña, luego la tradicional siesta de los viernes por la tarde, y finalmente esperar la llamada de mi marinovia, ya que tenía un almuerzo con sus amigas de la oficina. Me llamó como a las 5 pm. Le recordé sobre la cena que teníamos planeada y le pedí que luego de la cena me acompañara a una tienda para comprar unas camisas frescas que necesitaba para la oficina, (para que ella, como toda mujer a la que le gustan las compras, lleve dinero para comprarse el polito o la blusita de toda moda para verse y sentirse espectacular). Me duché tranquilamente, e hice tiempo hasta las 7pm, hora a la que ella me recogería ya que yo aún no tenía espejos en mi carro (ver post "Ah, ¿Ya Cobraste? Vamos A Un Restaurant, Pues...") Pasó por mí y como a las 7:10pm nos dirigimos al local. Fue donde empezó lo bueno.
Le dije:
Cuando estaba a punto de girar el volante recordó mis espejos, así que gastó como un galón de gasolina dando vueltas hasta encontrar una playa de estacionamiento. Cuando encontramos una, tuvimos que esperar muchísimo tiempo ya que ésta estaba llena de autos. Por el calor, lógicamente le dije:"Mira, hay un espacio aquí. ¿Por qué no estacionamos?"
Jejeje, más gasto. Entramos al restaurant, el mesero nos reconoció y nos mandó una anfitriona para que nos lleve al bar. Al momento se acercó y me dijo:"Prende el aire, que por si no te acuerdas, acá me robaron."
Para qué, esos detalles ya no me horrorizaron ya que esa noche al menos la cena no correría por mi cuenta. La verdad amigos, es que vi a mi marinovia tan bella que casi le digo nuevamente:"Señor Mosto Verde, qué alegría tenerlo por acá nuevamente. ¿La mesa de siempre?"
pero una punzada en la nalga derecha (mi billetera) me hizo entrar en razón. Me pedí una cerveza ya que ella sí se pidió el famoso cocktail con chirimoyas chinas. Eso se llama remordimiento de conciencia. Esperamos unos cuantos minutos y el camarero nos llevó a la mesa."Amorcito, yo invito."
Pedí un rico pedazo de carne, nada que sonara espectacular. Ella pidió un plato raro recomendado por el chef. Vino, uno no muy costoso. Comimos y la pasamos maravilloso, pero yo estaba inquieto por el siguiente momento. Ella me dijo:
Yo la pedí, y cuando el pingüino la trajo, le dije:"Pide la cuenta."
Y le pasé la cuenta sin verla. Ella me dijo:"Gracias, amorcito."
Abrió la cuenta, dio una rápida mirada y agarró la cartera. Sacó su tarjeta y la puso en la finísimo portatarjetas de cuero de algún animal extinto. Al llegar el voucher me preguntó:"Para ti lo que quieras, mi Rey."
Yo le respondí que el 10% ó 15% si se sintió bien atendida. Ella miró su cartera con una carita que me dio pena y no aguanté mas. Le pregunté si quería que yo pagara la propina, pues tenía un poco de sencillo. Ella respondió:"Amorcito, ¿usualmente cuánto se da de propina?"
Y se quedó calladita. Firmó el voucher y se paró para salir. Yo le dije:"No te preocupes."
Ella esperó 5 min sentada y me dijo:"Pero amor, ¿por qué tan rápido? ¡Disfruta el lugar, mujer!"
Al final salimos del lugar, pagué el estacionamiento y le pregunté:"Amor, en realidad me olvidé unas cosas en casa, necesito ir cuanto antes."
Ella respondió:"¿Ahora sí nos vamos de compras, mi vida?"
Una vez en mi casa, ella se fue relajando poco a poco con las cervezas. En eso le pregunté:"Amor, ¿y si hoy nos quedamos en casa? Sé que tienes unas cervezas, y van a pasar una linda pelicula por cable."
Ella respondió que no tenía hambre, y luego aceptó que tampoco dinero. Luego empezaron las quejas de los precios del restaurant, a lo que yo le dije:"¿Amorcito, una pizzita a medias?"
Ella me miró con sus grandes ojos y me pidió que la disculpara, y me dijo que a partir de ahora sería más consciente. Se acomodó en mi pecho y se quedó profundamente dormida."No te preocupes, a mí me pasó la semana pasada. Cuando te toque la siguiente quincena todo estará bien."
Imagen: Photo.Spotlight































